David Rojo
Hace tres meses:
“El Golfo de California es una zona de altísima biodiversidad”.
Así se refirió la presidenta Claudia Sheinbaum, al también llamado Acuario del Mundo.
Cerca de la boca del Golfo de California, en el litoral sudcaliforniano se encuentra el Parque Nacional de Cabo Pulmo con su arrecife de 20 mil años, y como vecina la bellísima Sierra de La Laguna. La expresión presidencial da cuenta de vida, color y movimiento por miles de años.
Hace cerca de un cuarto de siglo el pronunciamiento federal por la Sierra de la Laguna:
“Un verdadero laboratorio biológico con potencialidad para estudiar los procesos de los ecosistemas que mantienen la vida en nuestro planeta”.
Y hace ya casi cuatro años (abril 2022), la expresión ambiental de 4T por el área natural protegida:
“Sierra La Laguna es considerada como una “isla” de vegetación en el entorno árido de la península. Su valor es enorme como sitio de recarga de los mantos acuíferos, alberga una gran riqueza biológica y paisajística, cuenta con la única selva baja caducifolia y el único bosque de pino encino en Baja California Sur”.
Sin embargo, una supuesta fundación ambiental ha prendido luces de alerta por proyectos en puerta. Y ya ha puesto en manos de Semarnat planteamientos que apuntan a la Sierra de La Laguna.
¡No a falsas argucias ambientales!
En el siglo XVIII, irónicamente en el Siglo de Luces, se dio la extinción de los Pericúes (los guerreros del tiempo de Niparajá que vencieron a los milenios), que el siglo XXI no sea mal siglo para la Sierra de La Laguna.




