David Rojo
Si en el discurso de la 4T se tiene en claro qué diablos se dio contra la sociedad e instituciones en el pasado con el sexenio 2006-2012 (sin ninguna referencia de peso al que le siguió 2012-2018), entonces, por qué diablos no se corrige el presente.
Se insiste una y otra vez en el señalamiento del mal. Pero, a tales sabiendas, el mal no se cura; se agudiza.
La corrupción e impunidad han sido un lastre para la tranquilidad y bienestar. Y no hay manotazo de justicia contra el pasado, ni en el proceder con el presente por un destino mejor.
Desde el poder no se cansan de los adjetivos de “carroñeros” ni de “vuelo de zopilotes”. Sin embargo, no deja de haber sucesos que lastiman a la sociedad. Y se trae el pasado al presente como justificación de hechos lamentables. Impunidad en el pasado, impunidad en el presente.
Hay un presente que lastima:
Un joven de escasos 17 años que jala del gatillo para asesinar al presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo; los más de cien contenedores de tren con combustible ilegal (y lo que ha seguido), la bodega con millones de litros de combustible ilegal, los barcos con millones de litros de combustible ilegal, la perforación de ductos, el golpe a la riqueza nacional con el saqueo de miles y más miles de millones de pesos; carreteras bloqueadas por productores denunciando abandono y bajos precios de garantía contra el campo; la cruces del camposanto criminal; los miles de miles de millones de pesos urgidos de transparencia y buen manejo en diferentes gobiernos estatales y municipales (en Baja California Sur se dieron observaciones por 3 mil millones a la cartera pública estatal y otros dos mil millones de pesos en contra del trienio municipal 2021-2024).
El presente que no se sacude. Pero, no se suelta al pasado.
Discurso perdido.




